Como señalaba en mi colaboración anterior, hay que “reconocerle” al PRI que cada vez que hay elecciones se actualiza y encuentra nuevas formas para contradecir que México es una democracia.
Por Roberto López Rosado*
Muchos pensaban que la presencia de los llamados “mapaches” era cosa del pasado, que ya no operaban, esto no es así. Siguen vivitos, coleando, pero además actuando, y esto sucede en todo el país. Los “mapaches” son personas que no sólo se dedican a robar, quemar, desaparecer los votos de aquellos candidatos opositores, sino también a comprarlos. Son aquellos que consiguen enormes recursos sean públicos, privados o de procedencia muy oscura.
Se les llama “mapaches” porque actúan en la oscuridad, ocultos para que nadie los vea ni sepa lo que hacen para robarle el triunfo a la oposición, y es que el mapache mamífero de América del Norte, con piel de color gris oscuro, hocico blanco, se destaca porque pareciera que trae un antifaz en sus ojos, por la combinación del blancos y oscuros, y por lo mismo se relaciona a estos carnívoros con algunos personajes del cine quienes su oficio era el asalto , robar, y para no ser identificados se ponía antifaz para ese propósito.
Hace dos o tres décadas atrás hubo personajes de la política nacional, militantes del PRI quienes se hicieron famosos por la forma en que actuaban precisamente como “mapaches” para hacer ganar a su partido.
Esta “cultura del mapacherismo”, es una acción que a las y los mexicanos nos debería preocupar. Reconozco que desgraciadamente en mi partido, algunos grupos han hecho uso de esas artimañas para ganar elecciones internas, las cuales, si realmente cumplimos lo que señala el lema de nuestro partido, es decir que somos el partido de la revolución democrática, están obligados a desecharlas.
Sin embargo, el priismo sigue practicando esa mala cultura. En todo el país hay especialistas en esta materia. Son hombres y mujeres que al interior de ese partido, son “prestigiados” y “reconocidos” “mapaches”, quienes se han convertido en indispensables, porque gracias a ellos, el PRI “gana”.
En las últimas semanas, mi estancia en la Cámara de Diputados me ha permitido conocer entre mis compañeros del mismo PRD e, incluso, de entre los mismos priístas, que en todo el país, el mecanismo de compra del voto ya se echó andar, pero peor aun cuando sabemos que una de las secretarías de la que el partido tricolor está echando mano es la Secretaría de Desarrollo Social.
Efectivamente, me han comentado mis compañeros y compañeras que el PRI que en diversos puntos del territorio nacional, igual que aquí en Oaxaca, los mapaches” ya empezaron a sacar la cabeza, se les ha empezado a ver la cola. Mi compañero diputado federal y Secretario General del PRD en Oaxaca, Hugo Jarquín, destacó recientemente que ve muy preocupados a los priístas del estado porque en las encuestas que ellos han mandado a hacer, sus candidatos están muy por debajo del PRD. Esto ya lo estamos viendo en la zona del istmo.
Como ya decía, esos “mapaches” indispensables del PRI que llegan a los estados, son los encargados de hacer el trabajo sucio, son quienes le meten la mano a las cañerías electorales para “ganar”. Creo que cuando menos en esta ocasión no habrán de optar por repartir tarjetas Monex o Soriana, como lo hicieron en la elección Presidencial, por lo que están volviendo a los orígenes del “mapachismo”, a las viejas “técnicas” para ganar, recurriendo a su viejos especialistas en esta materia.
Esta “cultura del mapachismo”, efectivamente contradice contra dice las afirmaciones de los funcionarios del gobierno que afirman ufanos que en México vivimos en una plena democracia. Cómo se atreven afirmar esa frase, cuando elección tras elección, sea intermedia o la presidencial, nos enteramos que la cultura de la compra, coacción y robo, sigue siendo una práctica común; que la gente vota por sus verdugos por unos cuantos pesos, pues las necesidades más apremiantes a ello los y las obliga.
Es muy triste reconocer que es falso que nuestro régimen político sea plenamente democrático, es vergonzoso que uno de sus pilares sea precisamente la compra del voto. Allí están pues, los “mapaches”, sacando la cabeza y moviendo la cola; ¡aguas! con ellos!
¡Aguas con los “mapaches”!
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